La proliferación de pantallas, la interacción social, el consumo bajo demanda, los entornos virtuales… y lo que queda por venir. La transformación digital reinventa cada día los ingredientes de la “cocina televisiva”. No es el fin de nada sino la evolución de todo. Una inmejorable despensa para los creadores de contenido. Y huele que alimenta.

La televisión es nutritiva. Eso es lo que decía Aviador Dro en los primeros 80. Intuyo que no era aquella una exaltación de sus valores saludables, ni mucho menos. Pero ahí sigue, alimentando a todo tipo de paladares. Hace unos días, en el foro “Los medios hablan” organizado por la AMPE, Tinet Rubira reivindicaba con coraje su orgullo por hacer televisión. Y no una televisión cualquiera. El director de Gestmusic se mostró convencido de vivir una de las mejores épocas televisivas. A Rubira sería difícil discutirle las “propiedades energéticas” de un buen contenido, pero escuchándole, creo que compartiría cierto gusto por una especie de deconstrucción culinaria a la hora de plantear sus nuevas propuestas. La esencia de los ingredientes se mantiene: emoción, humor… toda suerte de sentimientos. Pero la revolución digital nos empuja a transformar sus texturas, su forma y temperatura, bordeando la alquimia para potenciar el “sabor de la televisión” y hacerlo si cabe, más auténtico.

Seguir hablando del fin de la televisión cuando se consumen más de 4 horas de media diaria parece un predicamento acomodado en la certeza de la llegada de nuevos modelos de consumo. Muchos se apresuraron a adivinar en el apogeo de las redes sociales un duro enemigo de la programación lineal televisiva. Rubira destacaba como ahora sin embargo, son vistas como un perfecto aliado para “reunirnos” a una hora frente al televisor y convertir la experiencia del entretenimiento en un disfrute colectivo si cabe, aún mayor. Pero consumir, seguimos consumiendo lo que nos gusta: buenas historias. Eso es al fin y al cabo la televisión, no una pantalla en nuestro salón.

Los cambios que vivimos, su trepidante inercia, convierten el futuro en una mesa de apuestas. Alex Martínez Roig, director de contenidos de Movistar+, declaraba ayer en el Foro “El País Retina” haber aprendido a convivir con la incertidumbre en el entorno televisivo. Y ello cuando todavía el 90% del consumo medio responde al modelo tradicional de televisión lineal. La incertidumbre es siempre un buen acicate para la investigación. Y en este caso, no hay mejor receta para entender qué demanda el consumidor que aprovechar la tecnología para descifrar la relevancia de los datos. No es anecdótico que una serie como “Juego de tronos” acumule un 65% de su audiencia en sistema VOD. Roig ve a la industria audiovisual subida a una especie de “tren bala” donde el espectador decide en modo multitarea la suerte de su itinerario. La industria audiovisual ha pasado de una pantalla a múltiples dispositivos, del status de los canales lineales a la competencia de los servicios bajo demanda, de cadenas de televisión a empresas tecnológicas globales, de un consumidor pasivo a una audiencia que toma el control y que incluso, se atreve a generar su propio contenido. Muchos cambios, muchas incertidumbres, pero como bien apuntaba Roig, también mucha capacidad de reacción. Someterse a examen cada día es el mejor anticuerpo para combatir los efectos de un mañana incierto. Y esa reválida diaria es una exigencia que acompaña siempre a la televisión.

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Javier Moreno y Noelia Fernández (PRISA), Madhav Chinnappa (Google) y Alex Martínez Roig (Movistar +) en su reciente intervención en “El País Retina”.

El escenario puede ser igual de ambicioso para las marcas. Tanto como lo es el valor “nutritivo” que el entretenimiento audiovisual puede añadir a una buena estrategia de comunicación. La clave pasa por interpretar con acierto esa estrategia en el nuevo contexto, más allá de activaciones tácticas de producto que obtendrán seguro retorno en términos de notoriedad. Defendía Tinet Rubira en su exposición una manera de hacer televisión a la que llamaba “feel good TV”, con su exitoso “Tu cara me suena” por bandera: “Una televisión que la ves, y te hace sentir bien”. Imagina que fuera una marca quien lo consiguiera… ¿feel good brand? Pues a trabajar en la receta. Resultará un plato exquisito.

 

 

 

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