De entretenimiento se habló, y mucho, en #Newvideo16. Un nuevo foro en torno a la industria audiovisual que lució en su estreno, el pasado 29/09, un destacado cartel de ponentes. Creadores, productores, canales, marcas, agencias y en el punto de mira, siempre el espectador. Una magnífica oportunidad para hablar de la nueva TV.

Más de 20 ponencias declinando el entretenimiento en sus múltiples versiones, incluida por supuesto la TV. Así se presentó #Newvideo16, con una maratoniana agenda repleta de tendencias, opiniones, casos de éxito y todo tipo de experiencias. Si de algo puede sentirse orgulloso el sector audiovisual es del dinamismo y creatividad que despachan buena parte de sus profesionales.

Mucho que contar si me propusiera hacer de este post una crónica del evento. El casi omnipresente “Live streaming”, los influencers desnudando su “libro de estilo”, plataformas masivas de gaming, marcas convertidas en medios de comunicación, la realidad virtual declinada en tiempo presente… interesantes caminos para el mundo del entretenimiento. La verdad es que cualquiera de las ponencias merecería una reflexión.

Pero esta vez, y sin desmerecer a nadie, me paro en el turno de Elena Neira, autora de La otra pantalla. El título de su intervención, “La TV después de Netflix y Amazon”, era ya toda una tentación. Y como resultado, una extraordinaria exposición para contextualizar los retos a los que se enfrenta la nueva TV.

La TV ha ido perdiendo su fisonomía de soporte para convertirse en un sinónimo de contenido. Una opción de entretenimiento audiovisual que me atrevo a decir, vive su particular “edad del deshielo”. Se refería Elena a un contenido cada vez más líquido, que fluye entre múltiples dispositivos, con distintos sistemas de distribución dirigidos a una nueva audiencia. Su naturaleza unidimensional se ha diversificado tanto (y tan rápido) que ha dejado atrás su modelo de rentabilidad. Como resultado, una experiencia de usuario transformada radicalmente, en convivencia con incipientes modelos de explotación que aún sueñan con su versión Beta.

Ese nuevo concepto de audiencia cobró relevancia durante toda la intervención. El espectador ya no rinde cuentas a una sola pantalla para desconsuelo de los audímetros. Utilizando un símil ciclista, es como si la audiencia hubiera saltado del pelotón y las métricas se hubieran quedado clavadas, incapaces de seguir su frenético pedaleo. El debate en este sentido no es menor. ¿Encontraremos una fórmula que sustituya o complete el panel tradicional?

Del consumo on line, inmediato y multipantalla, surgen conceptos como audiencia diferida y audiencia diseminada. Entendida como contenido, la TV no ha perdido su relevancia. Pero sí buena parte de la masiva simultaneidad de la que presumía. Su recorrido es ahora mucho más largo. No sigue una línea predecible y exportable a un Excel en un solo click. Responde a un consumo fragmentado, con distintas velocidades y nuevos actores ajenos a la cultura del grp.

Arrancaba Elena su ponencia hablando de la tormenta perfecta que sorprendió a la TV. Un temporal desencadenado por la digitalización del contenido, la accesibilidad a internet, el auge tecnológico y la transformación social. A la nueva TV no le van a faltar retos en ese contexto. Ni a ella, ni a ninguna de las marcas que considere el entretenimiento como un aliado de su negocio.