Sostener una conversación de ascensor está al alcance de muchos. 10, 20 segundos… no hace falta más. Una píldora de simpatía que cuesta muy poco compartir. Lo complicado es continuar la conversación si nos bajamos juntos en el mismo piso o si llega el caso, más temido aún, si el ascensor se detiene inesperadamente entre dos plantas.

Cuando las marcas quieren comunicarse sucede algo parecido. El primer objetivo es evitar que sus posibles consumidores agachen la cabeza cuando suben al “ascensor”. Hay que vencer a ese superpoder que les hace creerse invisibles cuando se miran la punta del zapato o se ven reflejados en la pantalla de su Smartphone. Pero hay marcas mucho más ambiciosas, que no se conforman con lograr sostener la mirada y arrancar una sonrisa. Son las que desean entablar una conversación auténtica con sus posibles consumidores, de manera que sean ellos mismos, quienes acaben deseando que se repita en otra ocasión.

El auge tecnológico zarandea sin descanso nuestros modelos de consumo. La comunicación es un actor determinante en estos cambios, y aunque los contenidos siempre desempeñaron un papel trascendental, los nuevos escenarios invitan a despertar el interés de la audiencia de un modo natural. No queremos mensajes impuestos y mucho menos que interrumpan. Nos abrimos a propuestas que aporten valor, de las que podamos disfrutar cuando nos apetezca bien sea porque nos proporcionen entretenimiento o conocimiento, o porque nos hagan vivir una experiencia.  Historias para ver, escuchar y al fin, conversar. La posibilidad de interactuar ha reinventado la relación con las marcas. Ahora, todos “hablamos publicidad”.

Me gustan las marcas que dan los buenos días cuando suben al “ascensor”, pero me quedo con las que se las ingenian para hacer de ese encuentro el inicio de una agradable conversación. Cuando se consigue, es posible que ninguno esconda las ganas de volver a verse, de darse otra oportunidad lejos del ascensor. En Lo Especial, me gustaría crear un pequeño espacio de opinión sobre estos “encuentros” y lo que sucede a su alrededor, sin mayor pretensión que la de poner a tu disposición un hilo de conversación sobre la publicidad que nos gusta.

Se me ocurrió cerrar este primer post con una historia que arranca precisamente en un ascensor. Aunque Jaume Balagueró lo imaginó “fuera de servicio” para empezar a atraparnos con una inquietante historia que forma parte del proyecto Cinergía. Con esta iniciativa, Gas Natural Fenosa se ha propuesto sumar referentes del cine de nuestro país a la misión de hacernos descubrir cómo hacer un uso responsable del consumo energético. Puro entretenimiento.

Hasta aquí, el primer post de Lo Especial. Qué atrás quedó ya el ascensor y cuántas ganas tengo de volver a verte. Será un placer.

 

  • Créditos Foto : Unsplash, by Björn Simon