Zoolander 2, el último estreno de Ben Stiller, parece vivir ajeno a las voces de la crítica y los primeros números de la taquilla. Lejos de la pantalla, la excéntrica personalidad de su protagonista ha conquistado numerosas simpatías. ¿Es Zoolander 2 uno de los lanzamientos cinematográficos más sorprendentes de las últimas temporadas?

Confieso no haber visto aún Zoolander 2. Tampoco su predecesora, aquella primera entrega que hizo famoso al personaje de Derek Zoolander, ese rey de las pasarelas “excesivo” interpretado por Ben Stiller. Sin embargo tengo una sensación de familiaridad poco común hacia esta película. Es como si hubiera visto ya más escenas de las que realmente he visto en algunos trailers. Sin duda, la hiperrealista campaña de marketing que el propio Stiller ha encabezado tiene mucha culpa de ello.

Que el prota sea el guionista, director y productor de la película explica en buena medida su implicación en el proyecto, que no es sino el resultado de desdoblar la vida del personaje más allá de la gran pantalla, haciendo de la propia realidad un ejercicio de ficción añadido. El vídeo con que arrancaba este post tiene ya casi un año, porque fue entonces, irrumpiendo en la semana de la moda de París cuando Derek Zoolander “expropió”  parte de su existencia a Ben Stiller. Desde aquella aparición, hasta las últimas a las que hemos asistido arropando el reciente estreno, podrán presumir de haber conseguido que cualquier parecido con la ficción fuese pura realidad. Que la revista Vogue reserve su portada a actores en la piel de sus personajes no es un hecho inédito, pero sí lo es que publique su serie audiovisual “73 questions” con un protagonista fruto de la imaginación.

De los escaparates de la tienda de Valentino en Roma a su brutal manejo de las redes sociales, especialmente Instagram, pasando por todo tipo de alianzas  y sinergias con marcas como FIAT, Netflix o la exclusiva Cîrok VodkaZoolander 2 deja un rastro plagado de “realidad adulterada”, de permanente fiesta de disfraces. Un mundo en el que las nuevas tecnologías, el desarrollo de la información y la revolución de los modelos de entretenimiento han sido los mejores aliados para invitar al personaje a compartir páginas de sociedad con ilustres de carne y hueso. O ilustres a secas, porque en ese ir y venir constante de Derek Zoolander por los timelines de nuestros días, ha tenido tiempo de citarse incluso con la mismísima Barbie. Debió pensar que si había conseguido “formar parte” de la realidad, por qué no iba a jugar también con alguna de sus criaturas de ficción. ¿Una especie de “metaficción” acaso?

fotos de Instagram para la campaña de promoción de Zoolander 2.

Más de 1 millón de seguidores registra ya la cuenta de Instagram de Derek Zoolander.

Muy llamativa es sin duda, la habilidad con que Derek Zoolander se ha convertido en protagonista de las redes. Ben Stiller ha logrado hacer del “cameo realista” su más genuina expresión. Interrumpiendo a Kate Perry, desfilando con la modelo Cara Delevingne o simplemente, de tour por el Bernabéu. Una interminable propuesta con grandes expectativas de crecimiento orgánico, sustentado por una legión de seguidores propios y ajenos. Fotogramas publicaba meses atrás que Zoolander 2 ya había alcanzado algún récord: ser el trailer más visto de una comedia, según la revista Variety. Bastó una semana para que la pieza alcanzase 52 millones de visitas. Quizá sea una buena oportunidad para reflexionar acerca de qué podemos esperar cuando nos lanzamos a conquistar el “mundo fan”. Porque tras su discreto estreno, no parece que la taquilla se apunte a lograr nuevos hitos. A menos que ya lo haya hecho y sea la película que ha cosechado más adeptos lejos de la pantalla que frente a ella. Mal negocio sería, por sorprendente que resulte la campaña. ¿Tendrá algún as bajo la manga el “divino” Derek para animar el Box Office?